Publicado en Erotismo en las letras hispánicas. Aspectos, modos y fronteras, ed. Luce L&ocute;pez-Baralt y Francisco Márquez Villanueva, Publicaciones de la _Nueva revista de filología hispánica_ (México: El Colegio de México, Centro de Estudios Linguísticos y Literarios, 1995, pp. 111-120.
El artículo mencionado en la nota 33 ha sido publicado en
Anglica [Lucena, Córdoba, España], 5 (1993 [1994]),
177-184. No aparecerá en el Journal of Hispanic
Philology
Granada ha sido, al menos para cierta gente y en ciertas
épocas, un símbolo de libertad, belleza, poesía,
placer, tolerancia y gozoso amor homosexual: en suma, una cifra de la
España mora. Es difícil saber en qué grado este
simbolismo corresponde a la realidad. No sobreviven, o no han sido
descubiertas, las fuentes necesarias para conocer la vida cotidiana de la
Granada nazarí. La gran hoguera de sus manuscritos hecha por el
Cardenal Cisneros logró en gran parte su intento de evitar que la
conozcamos(1). Lo poco que sabemos se deriva principalmente de
historiadores cristianos hostiles. La destrucción de su
arquitectura
ha continuado casi hasta la actualidad, como han denunciado varios
escritores granadinos(2).
Sin embargo, queda lo suficiente para afirmar que la
Granada que creó la Alhambra actual corresponde, al menos
hasta cierto punto, al estereotipo de ella. El período
anterior al nazarí, mejor documentado que éste, sugiere lo
que sería lógico que fuera influyente después. Por
la
poesía hebrea-granadina del siglo XI, y por la buena suerte
que nos conservó las memorias del último rey zirí,
es
forzoso concluir que la homosexualidad y pederastia eran no
sólo frecuentes sino hasta normales entre la aristocracia
granadina, tanto mora como hebrea(3). La frecuencia del amor
homosexual en la Andalucía del califato y de los reinos de
taifas, y las prácticas homosexuales entre los moriscos
refugiados en el norte de África, son otra prueba(4).
También nos queda la Alhambra misma como símbolo de
vida
muelle: no es una obra de fuerza, tamaño o grandeza, sino un
palacio con jardines delicados, diminutos y sensuales.
En la Granada moderna, se suele negar el pasado homosexual
de la ciudad y del reino. En toda Andalucía, pero más en
Granada, la homosexualidad es objeto de repugnancia y represión, y
es, por ello, la región española en la cual el movimiento
gay está actualmente menos desarrollado(5). Si
resucitara el homosexual García Lorca, entusiasta del pasado
moro de su Granada por más señas, "sigue habiendo gente en
Granada capaz de volverle a matar"(6). Pero hubo un período
breve en que floreció, al principio de este siglo, una
conciencia y una cultura gay en Granada(7).
El pasado moro fue conocido al menos por los arabistas.
El estudio de la lengua árabe dio acceso a muchos misterios
que suponemos se comentaron entre los arabistas, de maestro a
discípulo. De los especialistas pasaron en parte a los
universitarios de Granada y a los intelectuales del país.
Para ellos, al menos hasta fechas muy recientes, eran motivo de
verg"uenza o de secreto interés. Algunos de estos
universitarios e intelectuales han sido llevados, por caminos
sinuosos e indirectos, al arabismo.
Nos hemos detenido en una secreta imagen de la Granada
mora, la ciudad española en la cual el placer homosexual era
más estimado. Dicho fondo ayuda a entender el sentido de una
guía, llena de consejos prácticos y sentimentales, un libro
que comenta el alma de Granada y sus emociones, dirigida a
homosexuales. Se trata de Granada (Guía emocional), de
Gregorio Martínez Sierra. No tenemos noticia de ninguna
guía anterior dirigida a viajeros gay.
El libro de Martínez Sierra se publicó en París,
refugio de españoles disidentes, en 1911(8). Declara ser una
guía para mujeres, dirigiéndose a la "lectora" en la segunda
frase del prólogo y más adelante a "vosotras, mujeres",
"dulcísimas" y otras expresiones parecidas(9). No se trata
sino de una estratagema para permitir la publicación de un
libro que difícilmente pudiera haber aparecido de otra forma.
En el prólogo se menciona el "involuntario artificio de mi
maraña" por la cual los lectores masculinos quedarían
"engañados" (p. 13). A estas palabras se suma la absoluta
inviabilidad editorial de una guía para mujeres españolas,
en una época en que raramente hacían turismo y casi nunca
separadas de sus maridos, padres, o profesores. Un libro dirigido a
mujeres se supone que daría atención especial a las
iglesias
de Granada y a la tumba de Isabel la Católica, pues estos
monumentos serían, según la demografía religiosa
española, de interés para la mujer típica. Pero el
narrador, quien se declara no practicante, los deja para el final(10). A
quienes podría interesar esta guía emocional de
Granada eran los homófilos, quienes en su argot a menudo se
aprovechan del género femenino ("hermanas", "nosotras",
"Srta.", etc.). Dato de peso es el "Garzón" a quien se
atribuyen las fotos que acompañaron a la edición parisina.
Garzón era el término castellano para el efebo, el
muchacho amado por un hombre, según encontramos en la "Historia
del cautivo" de Cervantes.
Ya que María Martínez Sierra usó el nombre de su
marido como seudónimo(11), y los dos colaboraron en varias obras,
surge inmediatamente el problema de la autoría. Ian Gibson ha
notado que el libro es insólito, calificándolo de "una obra
muy 'femenina'", y lo supone "con toda seguridad" obra de
María(12). Sin embargo, el libro no corresponde ni con sus
intereses ni con su estilo(13). La feminista María jamás
hubiera escrito que le gustaban las mujeres "argidoras y un
poco sofistas...si además son bonitas" (p. 110). María
jamás usa el plural de primera persona femenino, que aparece
en el libro (pp. 79-80)(14).
No, Granada (Guía emocional) es de Gregorio, y el
pronombre "nosotras" es suyo. Hemos de suponer, por tanto, que
escribiera una obra homófila y que fuera un bisexual. Espero
que en 1993 tal sugerencia no escandalice. Los datos de apoyo
son numerosos. Gregorio fue protegido por Benavente, con quien
intimó al conocerle(15). Fue después editor suyo y de
Antonio de Hoyos y Pedro de Répide, y traductor de Oscar Wilde
(Salomé, según Palau). Facilitó la carrera de
García Lorca con la puesta en escena de su primer drama, El
maleficio de la mariposa. Era amigo y colaborador de Falla, quien
viajó con el matrimonio casi todo un año(16). Tuvo casa de
veraneo en Marruecos(17), que junto con Argel era frecuente lugar de
vacaciones y aventuras homoeróticas.(18) Entre las
obras de Gregorio--sea cuál de los dos haya sido el verdadero
autor--figura _Sortilegio_, una tragedia inédita hasta la
fecha, que protagoniza un homosexual casado(19).
Granada (Guía emocional) debe haber sido escrita con el
conocimiento y consentimiento de María. En Gregorio y yo
María comenta poco la intimidad de la pareja, pero consta que
fue todo menos convencional. Después de la boda se
felicitaron mutuamente, no porque pudieran vivir juntos, amarse
sin preocupaciones y tener hijos (no los tuvieron), sino porque
ya "nadie nos puede decir qué hacer"(20). Enfermo Gregorio,
un médico le aconseja un viaje a un clima más caluroso que
el madrileño, pero van a París (O'Connor, p. 25). Se
separaban bastante y viajaban cada uno por su lado. María, por
primeravez en España que sepamos, llama al matrimonio una
institución esclavista (Blanco, p. 19). Es también quien
estrena en las letras españolas el derecho de las vírgenes a
elegir cómo y cuándo y con quién quieren perder su
virginidad(21).
Es muy posible que el matrimonio Martínez Estrada se
pareciera al de Harold Nicolson y Vita Sackville-West, es decir
que se tratara de una relación entre gay y lesbiana, o
más precisamente entre bisexuales(22). María ha sido una
de las feministas más revolucionarias que haya habido nunca, pues
defendió la idea de que la mujer tiene un talento político
natural y que el hombre está destinado a obedecerla(23).
También admitía que el hombre es "incoerciblemente
polígamo", y que la mujer, por su parte, también es proclive
a la diversidad en el amor (Nuevas cartas, pp. 178-185). La
personalidad poco "femenina" de María ha sido ya notada por
los críticos, uno de los cuales llega a comentar sus
consecuencias en el contexto de la intimidad del matrimonio(24). Si a
esto se suma que María fue madrina de la lesbiana Elena
Fortún, nos atrevemos a formar una opinión al respecto. Es
de esperar que esta sugerencia tampoco escandalice al lector. El contacto
con los agudos y apasionados ensayos de María Martínez
Sierra, aún tan poco estudiados, en el proceso de la
redacción de este artículo ha sido sumamente
aleccionador(25).
Granada (Guía emocional) incluye una guía
práctica de los hospedajes, restaurantes, tranvías y
bancos,
además de los monumentos y otras "curiosidades" de Granada.
Conforme con la maurofilia que penetra todo el libro, el capítulo
final está dedicado a una visita a Córdoba, y cierra con unas
meditaciones sobre el futuro de España(26).
Pero el libro, cuyos capítulos llevan poéticos
encabezamientos(27), es fundamentalmente una invitación a
perder el tiempo en Granada: "el único tiempo verdaderamente
ganado en la vida es el que se pierde" (p. 13). Ofrece al lector el consuelo
de la irresponsabilidad, el placer soberano de vivir con locura (p. 15).
Aconseja la estancia en Granada "a las personas que estén tocadas
de melancolía, al parecer incurable, por abusos de
autoanálisis y de prolijos exámenes de conciencia; a las
que,
por morbosa exaltación de orgullo, se hayan llegado a figurar que
de
que ellas cumplan o infrinjan una ley más o menos moral, depende
el
equilibrio del mundo; a las niñas que tienen la mala costumbre de
soñar con novios militares más o menos pérfidos.
Aquí adquirirán la excelente de reverenciar en grado sumo
al
Amor, con mayúscula y sin uniforme" (p. 236).
La geografía es la infraestructura de esta experiencia:
"[La vega de Granada] es uno de los más suaves, apacibles y
románticos paisajes de España, y valdría la pena de
venir, no a visitar, sino a morar largo tiempo en la ciudad morisca,
aunque en ella no estuviese la Alhambra, sólo por el encanto
risueño de esta planicie ondulada, frondosa, acariciadora por
igual a los ojos y al corazón. Así como hay paisajes
inquietantes, éste es aplacante y sugeridor de consoladores
panteísmos.... Hay una gran paz y un amable silencio, que
dejan al espíritu toda su libertad y la afirman en soberaní
a...aligerándole de toda carta, en el convencimiento de una
indudable
irresponsabilidad" (pp. 235-236).
En Granada se vuelve a "los goces sencillos", que los
hombres habían abandonado, buscando en cambio "ideales y
deberes", haciendo "esa obra, no sé si decirte prodigiosa o
monstruosa, que llamamos civilización" (p. 77). Las mujeres,
siguiendo la misma fórmula que los hombres, han clamado
"seamos hombres". Este proceder lleva o a la desesperación y
al suicidio, o a pedir "al cielo para que se sirva crear un ser
nuevo y suave, que no sea ni hombre ni mujer--ya que hombres y
mujeres nos habremos destrozado la vida--, un ser espiritual,
refrigerante, consolador, maternal, pueril, a quien podamos
llevar como ofrenda el fruto material de nuestro trabajo, y que
en cambio nos dé la caricia, y el ánimo, y el arrullo, y la
tibieza, y el plácido !Amén! y el ilusionado !Aleluya!" (p.
79). "Así, nosotras--con la inmensa ventaja de saberlo--
podemos ser emperatrices de espiritualidad y amor en la vida
moderna, y en nosotras se salvará la intelectualidad, y en
nuestros ocios sobrevivirá la especulación, y nuestro
silencio será la garantía de la meditación, y la
verdad,
que no tiene tiempo de triunfar entre la agitación febril de los
hombres, elegirá nuestra voz, suavemente imperiosa, para
dejarse oír en la tierra" (p. 80)(28).
La visita a Granada puede durar un día, o toda una vida.
Pero para saborear, siquiera por encima, el encanto de esta
"Jerusalén de Occidente", son del todo necesarias cuatro
semanas. "La emoción serena, que ha de ser el fruto
espiritual de esta aventura, pide para cristalizarse largas y
lentas horas de contemplación, y sobre todo de soledad, en las
cuales no apremie ningún apresuramiento de hora ni de guía,
ni de preconcebida excursión; ...menester es lograr cierta
fraternidad con las fuentes, y una complicidad sentimental y
sensual con la geometría de cipreses y arrayanes; hay que
saber precisamente en qué lugar del cielo ha de buscarse cada
estrella; hay que haber oído, en muchas horas distintas, la
charla apaciguante de la arboleda; ...el alma, llevada por los
ojos, tiene que haber soñado muchas horas asomada a la reja
del jardín de Lindaraja. El Generalife es como libro de
meditaciones, que hay que leer página por página, atenta y
curiosamente.... Y luego, muchos atardeceres os habréis de
perder, camino arriba, entre los olivares, y habréis de dar en
el camposanto, jardín fragante si los hay, lleno de cinamomos
y celindas, de acacias y mundos en flor, donde con tanta paz
por todo el buen olor y la frescura, habréis de resignaros a
la cruel fatalidad de la muerte. Y si bajáis a la ciudad, es
preciso también que sea en muchas y diversas mañanas, para
evocar en el tráfago de las horas del mercado la visión de
la
Granada mora y próspera" (p. 260-261).
No conocemos otro tal ejemplo de exaltación de una ciudad
española.
La recepción inicial del libro, calificado por un
crítico como la mejor de sus obras (Goldsborough, p. 110), fue
modesta. No fue reimpreso hasta incorporarse en las _Obras
completas_ del autor, publicadas por él mismo. En la lista de
reseñas proporcionada por Entrambasaguas, evidentemente basada
en el propio archivo de los Martínez Sierra, no figura ninguna
mención de esta obra. Acaso haya contribuido a la indiferente
recepción su lugar de edición (otro argumento a favor de no
ser las mujeres su verdadero público). Sin embargo, llegó a
gozar de cinco ediciones, bien separadas en el tiempo, siendo,
por ello, una de sus obras de éxito más sostenido. Figura
entre las pocas obras suyas reimpresas póstumamente.
En cuanto a su influjo, suponemos que será coincidencia
que en 1911, año de su publicación, se mudaran a Granada
dos
forasteros que tendrían mucho influjo en el próximo
renacimiento de la cultura granadina: el político y educador
Fernando de los Ríos y el profesor de arte y teoría literaria
Martín Domínguez Berrueta. (Los dos fueron, entre otras
cosas, protectores de García Lorca(29).) Pero sí hubo un
lector clave, uno que sabría el secreto del libro: Manuel de Falla,
amigo del autor. "Un día--me lo contó él mismo--
pasó por la calle de Richelieu y vio en el escaparate de la
Librería Española de París un libro: Granada
(Guía emocional), de Martínez Sierra(30). Lo
compró, gastándose los pocos francos que llevaba; se
pasó la noche leyéndolo, y al día siguiente, en un
borbotar milagroso de melodías-- desusado en él, premioso
y
exigente, sobre todas las cosas--, llevó al pentagrama, casi en su
totalidad, una de sus mejores obras: _Noches en los jardines de
España_"(31).
El encanto de Falla ante Granada le llevó a mudarse a
ella en 1919. A partir de entonces visitan Granada figuras
culturales de toda Europa.(32) No es del todo azaroso,
entonces, que _Granada (Guía emocional)_ de Gregorio
Martínez Sierra coincida con el inicio del período de mayor
esplendor cultural de Granada desde el exterminio de su cultura mora en
1500. Por unos pocos años, debido en parte a la guía de
Martínez Sierra, Granada era (en palabras de Falla) "como el
centro del mundo, como un pequeño
París"(33).